martes, 12 de agosto de 2014

Reflexiones sobre la experiencia de animación lectora y el contexto sociocultural de la Biblioteca Libro Alegre de Montedónico



Esta entrada en la bitácora o blog da cuenta de reflexiones en torno a una actividad de animación lectora realizada en el marco del diplomado. Las reflexiones entregan una panorámica sobre la propia realización de la actividad de animación lectora y el descubrimiento de los aspectos positivos y negativos de la planificación y de la práctica. Las siguientes son preguntas que se van respondiendo y develando a lo largo del texto: ¿La planificación cumplió tus expectativas al momento de realizar la actividad? ¿Qué conocimientos previos ayudaron a la realización de la actividad? ¿Qué aprendizajes obtienes luego de planificar y poner en práctica?


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La experiencia de animación lectora desarrollada en la Biblioteca Libro Alegre de Montedónico me hace pensar en los espacios “no ideales” o “no escogidos” para desarrollar una grabación para una posterior exhibición de una actividad de fomento lector en un diplomado que tiene como resultado final una calificación. La Biblioteca Libro Alegre de Montedónico, establecida en la parte trasera del terreno del Consultorio Puerta Negras, no es un espacio de trabajo donde se pueden tener factores de control totales ni las mismas reglas que rigen a otras bibliotecas. El entorno sociocultural donde se emplaza la biblioteca es la población Montedónico de Playa Ancha, sector signado por la pobreza, el narcotráfico y estigmatizado como uno de los lugares peligrosos y marginales de Valparaíso.

Los niños que asisten regularmente a la biblioteca no necesariamente van a leer o buscar libros para préstamo domiciliario sino que asisten, casi en su totalidad, para pasar la tarde con las tías en un ambiente cálido y protegido donde pueden jugar y estar con niños de su edad. La biblioteca funciona principalmente como una zona de afecto donde Evelyn Badilla y Carolina Pinochet, las responsables y coordinadoras generales, de lunes a viernes se transforman en las tutoras de un grupo de niños y niñas cuyas experiencias vitales sobrepasan con una fuerte carga de violencia, y en algunos casos abandono, las de otros pequeños.

Asisten niños y niñas cuyas edades fluctúan entre los tres y once años, todos vecinos, todos concurren a la Escuela Básica Montedónico, todos tienen familiares en la cárcel, o que han pasado por ella en más de una ocasión, inclusive hay casos donde toda la familia directa está en la cárcel y algún pariente de hace cargo de ellos por una norma judicial o terminan siendo cuidados por vecinos de buen corazón del sector al quedar totalmente desprotegidos.

Atender a niños y niñas con problemáticas sociales no resulta fácil para muchas personas, ya que se sienten sobrepasadas, vencidas o sin armas para enfrentarse a una realidad tan dura y llena de inequidad. Muchas voluntarias de la Biblioteca Alegre de Cerro Alegre han relatado que cuando terminan una jornada de trabajo en Montedónico se sienten desalentadas por la poca atención de los pequeños, la falta de obediencia frente a la imagen del adulto, el vocabulario escaso, los referentes de conducta, basados principalmente en la televisión, y los relatos que inocentemente despliegan al jugar a los títeres, al hacer un guiño autobiográfico del entorno en un taller de escritura o al conversar sobre su cotidianeidad.

Estos niños manejan los códigos del hampa, saben de procedimientos policiales, causas penales, tráfico de drogas, algunos son usados para venderla en los pasajes como forma de evitar que los adultos sean detectados por carabineros o detectives, prácticas sexuales y violencia intrafamiliar.

Pienso en los videos observados de otras prácticas de animación lectora en una Biblioteca Viva, en un colegio de clase media y alta, en un colegio del sur con salamandra y vista a la naturaleza. Reflexiono sobre la actitud de los niños, el asombro, el estar frente a un adulto. Delibero sobre la diferencia entre un espacio y otro, sobre la marginalidad, sobre el lector o el oyente ideal, sobre la entrega de una grabación ideal, frente a una realidad equidistante donde un adulto significa esencialmente delincuencia. Una realidad donde obediencia implica “bajar el moño”, donde ser un punto de distracción o desorden, conscientemente, es ser líder y cabecilla. Es ser visto y oído. Es diferenciarse. Es existir. El caos como forma de individualización. El caos como forma de ser. Pienso que no es mala intención sino pura imitación, la metonimia de la disfuncionalidad alimentada por los referentes culturales actuales.
En la grabación observamos que un niño de once años está atento, un niño cuyos padres se preocupan de educarlo y desarrollar sus potencialidades, un niño que llega a la biblioteca comentando con orgullo, y cierta timidez, a la tía que está postulando a una beca del Ministerio de Educación por excelencia académica que puede mantener hasta cuarto medio y conservarla en la universidad. Podemos ver a una niña de seis años vestida con la polera de la Escuela Montedónico que distrae a sus compañeros, sube a la mesa de la pequeña sala de estar de la biblioteca, hace preguntas sobre cosas que ya sabe como el nombre de la tía que lee el cuento mientras los niños comen la fruta antes de ir a sus casas, como todos los días a las cinco de la tarde después de cada jornada en la biblioteca. Una niña cuyos padres están en la cárcel, cuyos tíos están en la cárcel, todos por narcotráfico, cuya educación y protección depende de una vecina que la acogió en su casa junto a sus cinco hermanos porque la persona que debía cuidarlos, una tía (la tutora legal), los tenía en una absoluta negligencia y sin resguardo.

¿Qué se hace en estos casos? ¿Cómo encontrar un manual para animación y fomento lector para niños en situación de pobreza? ¿Cómo saber o entender a cabalidad dónde está el límite entre el paternalismo, la burla, el abuso o la falta de respeto? ¿Quién indica cuáles son los límites entre enseñar respeto y solicitar silencio u obediencia para que el niño o la niña regrese a la biblioteca al día siguiente y no se sienta rechazado o rechazada por la lección dada por el adulto abandonando el espacio de protección que se brinda? ¿Cómo disminuir o enfrentar la vulnerabilidad del animador en estas circunstancias? ¿Por qué los organismos estatales no están apoyando estas iniciativas trascendentales y que pueden tornarse frágiles? ¿Qué pretende el Estado que ocurra con las experiencias lectoras de estos niños o con su infancia?

Mi falencia respecto a la animación lectora recae en este punto. No dejar que el medio manipule o haga funcionar de manera asistencialista el trabajo con niños y niñas pobres en nuestra visión y entrega profesional. Esto sólo lo compone el tiempo y la experiencia, así como el temple de ánimo. No dejarse abatir frente a una experiencia inconclusa o no exitosa en su totalidad es una tarea diaria en la biblioteca de Montedónico. El espacio para la lectura de cuentos no es el idóneo, es pequeño (aunque luminoso) por lo que la tía que narra la historia no puede sentarse juntos a los niños y niñas y el hecho de que estén comiendo mientras se les lee genera distracción. Las condiciones no son las ideales pero hay que utilizar los recursos que existen y maximizarlos en el camino. Lo más fácil sería caer en el abatimiento y no regresar luego de un tiempo pero eso no les sirve a los niños de la biblioteca. Esa es su realidad diaria, lo atípico es que haya continuidad.     

Tomando distancia podemos afirmar que si los niños pueden día a día vivir en medio de precariedad, distanciamiento familiar, vago o nulo apoyo emocional, balaceras, allanamientos, terrenos baldíos insalubres, vertederos, drogadictos, vendedores de pasta base y cocaína, burreros, la tarea no parece tan difícil para nosotras.

Las experiencias lectoras en la biblioteca Montedónico no son las ejemplares o, como planteaba anteriormente, las ideales para una demostración modelo. Si me parece valioso el registro como una forma de plantearse la diferencia, la otredad, la realidad que no aparece en una planificación ni en un texto teórico sobre literatura infantil.

La planificación entregada, la lectura de libro ilustrado, daba detalles técnicos y espaciales que no se dan a ciencia cierta en un espacio limitado como la Biblioteca Libro Alegre de Montedónico. Las metas que se querían lograr eran la comprensión y proyección individual de la historia con sus experiencias personales. El libro “Ígor, el pájaro que no sabía cantar” de Satoshi Kitamura es un texto propicio para trabajar la autoestima y el reconocimiento de sí mismo como sujeto único frente a la diferencia. Este texto es atingente e importante que sea comprendido por los niños y niñas para auto reafirmarse. Se logró que la actividad previa fuera entendida y participativa, luego en el desarrollo no se logró la atención total del grupo y ya hacia el final, no se pudo realizar una reflexión en conjunto con los niños y niñas. Aunque finalmente el aprendizaje es mayor que el error. Aprender a re planificar los tiempos de la lectura del cuento y el espacio donde esta se desarrolla para que los hechos distractivos no opaquen la actividad. Proponer que el niño o niña que no ponga atención lea un cuento corto al día siguiente. Sin embargo por el medio sociocultural no es tan simple esta tarea. La deserción por un “castigo” es un hecho en este tipo de casos.   

Si realizara una autoevaluación a la actividad desarrollada en función de los objetivos y respondiendo reflexivamente a las siguientes preguntas sobre la actividad lo calificaría de la siguiente forma:

 -Antes de la lectura hubo una preparación acorde a la instancia lectora.

Logrado
-Durante la lectura se mantuvo la atención de los oyentes utilizando recursos gestuales adecuados y una correcta lectura.

Insuficiente
-Después de la lectura se realizó una retroalimentación entre mediador y oyentes que satisface las expectativas de los niños y niñas.

Insuficiente
-La lectura propuesta es útil para la formación sustantiva de los niños y niñas.
Logrado

Reflexionar sobre el trabajo en una población. El trabajo con niños que están en un estado de stress constante, que necesitan atención constante y personalizada de una tía de la biblioteca.

Niños que necesitan ser mirados y queridos, no castigados ni censurados. Es un trabajo de educación, de reeducación y cambio de hábitos arduo pero que se vuelve simple al mirar alrededor, al llegar en una micro o colectivo a Montedónico mientras los niños y niñas, así como los padres que trabajan hasta la noche en empleos terciarios, saben que tienen un lugar seguro y acondicionado para que tengan bienestar y tranquilidad.

Un lugar donde jugar, donde comparten la fruta y un cuento, antes de regresar a casa para al día siguiente ir a la Escuela Montedónico. Aquí el trabajo es otro, no el canónico de animación y fomento lector sino el del día a día, el de no fallar, el de estar y acompañar. El de leer el cuento a pesar de las distracciones, de la frustración fugaz, leer el cuento y picar la fruta, velar que sea un hecho diario hasta que en un momento haya silencio y se logre entrar en las páginas con fluidez. Hasta que un día lleven los libros a casa y soliciten otro y cada semana ocurra lo mismo. Ese día y los venideros valdrá todo el esfuerzo y el trabajo colectivo. Así podremos pensar en nuevas actividades y nuevos desafíos para los niños y niñas de Montedónico.          



 





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