lunes, 19 de mayo de 2014

Censura en la literatura infantil


El mecanismo de censura es utilizado como una forma de coerción y dominación sobre la forma de comportamiento, hábitos y principalmente sobre el sistema de creencias de una sociedad o grupo social. La autonomía y el proceso de individuación se ven vulnerados y violentados. La censura busca alinear el pensamiento y la forma de ver -inclusive percibir- el mundo y los actos cotidianos. La literatura infantil no ha estado exenta de esta forma de reproducción y establecimiento de control y poder. Marcela Carranza al plantearse la pregunta ¿Por qué la literatura es también para los niños?[1] expone la relación entre libros infantiles y censura citando a la investigadora israelí Zohar Shavit

[ella] lo dice claramente: la literatura infantil sufre restricciones, y éstas están condicionadas por la idea de infancia prevaleciente en cada período histórico. Las restricciones de la literatura infantil, el modo en que se escribe y se lee la literatura para niños, está condicionado, dice Shavit[2], por dos principios: “un ajuste del texto para hacerlo apropiado y útil para los chicos, teniendo en cuenta lo que la sociedad considera (en cierto punto de la historia) como educativamente bueno para los mismos (es decir cuestiones de contenido: qué debe o no debe transmitirse a los niños); y un ajuste en la trama, caracterización y lenguaje a la percepción social predominante de las habilidades de los niños para leer y comprender (cuestiones de claridad, simplicidad, comprensibilidad del texto)” (8).

Esto implica mostrar ciertas cosas y ocultar otras, utilizar ciertos procedimientos literarios y evitar otros. “Dejar cosas afuera, censurarlas.”


Carranza termina la idea coligiendo lo siguiente

Entonces la literatura, el arte, deja de ser también para los niños, y lo que le ofrecemos es un producto ad hoc que simula ser arte, que simula ser literatura, pero ya no lo es. Según este modo de pensar la literatura para niños, según este modo de pensar a los niños lectores, la literatura y el arte en general (el que ignora las restricciones) es peligroso, inadecuado y molesto; por lo tanto no es también para los niños.

[…]Una de las formas más obvias de censura es aquella que atañe a la presunta obligación de los textos de obedecer sumisamente a la moral vigente. […]Pero no se trata tan sólo de censurar los textos que no obedecen a las ideas oficialmente consideradas correctas por un grupo social en un momento dado. Este modo de concebir la literatura para niños establece una forma particular de relación con el texto. Lo selecciona según sus propósitos, se apropia del texto para la imposición al lector de un contenido y para ello debe asegurarse la lectura de un único sentido: el oficial, el “correcto”.


A lo largo de la historia de la literatura se han censurado muchas obras, impactante resultan las ordenanzas durante la dictadura militar argentina, por ejemplo[3]:   






La Torre de Cubos: Copias a mimeógrafo

"Del análisis de la obra La Torre de Cubos se desprenden graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes", sostiene la resolución N° 480 del Ministerio de Cultura y Educación de Córdoba que prohíbe la obra de Laura Devetach. Entre otros argumentos se aduce que el libro critica "la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad".

Los cuentos de la autora cordobesa hablaban de la vida cotidiana —los padres que trabajan, las familias a las que no les alcanza la plata— en una época en que la literatura infantil recién comenzaba a consolidarse. Desarrollo que la dictadura intentó encorsetar. Hasta había palabras desaconsejadas por el poder militar: calzado en lugar de alpargatas, por citar un ejemplo recordado en un ensayo por Devetach.

"La Torre de Cubos se prohibió primero en la provincia de Santa Fe, después siguió la provincia de Buenos Aires, Mendoza y la zona del Sur, hasta que se hizo decreto nacional. A partir de ahí la pasé bastante mal. Porque no se trataba de una cuestión de prestigio académico o de que el libro estuviera o no en las librerías. Uno tenía un Falcon verde en la puerta. Yo vivía en Córdoba y más de una vez tuve que dormir afuera. Finalmente nos vinimos con mi marido a Buenos Aires en busca de trabajo y anonimato. Durante todo ese período quise publicar y no pude."

"Maravillosamente el libro siguió circulando pero sin mi nombre: era incluido en antologías, los maestros hacían copias a mimeógrafo y se los daban para leer a los alumnos. Muchos lectores se me acercaron después y me dijeron que habían leído mis cuentos en papeles sueltos, sin saber de quién eran. Recuerdo varias Ferias del Libro en las que las maestras me acercaban esas hojas mimeografiadas para que se las firmara."

"Me consta que en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Córdoba muchos colegas y estudiantes hicieron denuncias con nombre y apellido nada más que para ocupar el lugar de los destituidos. Yo, además, trabajaba en un profesorado al que un colega entró como observador de mis clases. Hizo ciertas objeciones y, para concluir, sacó de la biblioteca libros de Cortázar, de Piaget, de gramática estructural y de matemática moderna."

"Tengo grabadas imágenes bastante alucinantes de los atardeceres en la ciudad de Córdoba: gente que deambulaba por las calles con paquetitos, con valijas donde llevaban los libros, cuando se iban a dormir de un lado al otro. Parecían caracoles con sus caparazones a cuestas. Así era todo, silencioso y sórdido."

Laura Devetach, escritora




Un elefante ocupa mucho espacio: Prohibidas las huelgas




  

En 1976, Un elefante ocupa mucho espacio, el libro de Elsa Bornemann, (fue elegido para integrar la Lista de Honor) del Premio Internacional "Hans Christian Andersen", otorgado por International Board on Books for Young People, con sede en Suiza. Un año después era prohibido en la Argentina por relatar una huelga de animales. El decreto, fechado el 13 de octubre de 1977, incluía también a El nacimiento, los niños y el amor, de Agnés Rosenstiehl, editado —junto al de Bornemann— por Librerías Fausto.

(Señalaba el decreto militar:) "En ambos casos se trata de cuentos destinados al público infantil, con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo (...) De su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la Iglesia, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone."

"A lo largo de seis meses no pude escribir. Superado ese lapso, compuse la nouvelle titulada Bilembambudín o El último mago —publicada enseguida por Editorial Fausto— y a partir de ahí continué con la escritura, contra viento y marea. Pero la prohibición afectó particularmente mi relación con la existencia. En especial, debido a la gran cantidad de personas que decían apreciarme, quererme y que se borraron por completo a causa del decreto militar. Por extensión arbitraria del mismo tuve vedado el acceso a todo establecimiento de educación pública (de cualquier lugar de la Argentina y de cualquier nivel) hasta que terminó la dictadura."

Elsa Bornemann, escritora.


La ultrabomba: Literatura sin prejuicios

Poco antes del Golpe, el recién estrenado sello Rompan Filas, de Augusto Bianco, había publicado dos libros infantiles que buscaban acercarse a los chicos con adultez y sin prejuicios. En El pueblo que no quería ser gris, la gente se opone a la decisión del rey de pintar todas las casas de un mismo color y empieza a teñirlas de rojo, azul y blanco mientras que en La ultrabomba, un piloto se niega a cumplir la orden de arrojar una bomba. Ambos fueron prohibidos por el decreto N° 1888, del 3 de septiembre de 1976.

El siguiente libro de la colección fue imposible venderlo y para el cuarto les costó encontrar un lugar donde imprimirlo. Sólo aceptó una persona, a condición de que su nombre no figurara en el colofón.

"Un día venía caminando por la calle Matienzo y vi que estaban haciendo un allanamiento. Yo —de prepotente y de odio que tenía— miré fijo al militar. El tipo me mandó un soldado con un arma que me abrió el bolso y encontró tres libros. Me dijo: —Ahá, cuántos libros tenés vos, pibe. —Yo me había olvidado que los llevaba, de lo contrario no hubiera mirado fijo al militar. El soldadito se detuvo en una foto de Marx que aparecía en un catálogo y en una del Che Guevara. —Qué cosas jodidas tenés, pibe —me encaró justo cuando lo llamaron por el handy. —Esta vez zafaste, pero dejate de embromar con esas cosas jodidas —repitió. Ese era el clima que se vivía: tener un libro era peligroso."

Augusto Bianco, editor y traductor


Aún en la actualidad hay censura en los libros para niños. Increíblemente Harry Potter fue llevado a juicio en el Consejo escolar de Atlanta por promover la brujería. Esta acusación, obviamente, no logró que los libros fueran sacados de la biblioteca. Esto nos revela que aún con el paso del tiempo las formas de dominación y restricción en la literatura y las artes no son erradicadas totalmente.




              



Fuente:

Rosell, Joel. “¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego”. Recuperado en Revista Cuatro Gatoshttp://www.cuatrogatos.org/articuloqueeslaliteraturainfantil.html
Bodoc, Liliana. “Literatura como discurso artístico”. Actas de CILELIJ, Vol. 2. 244--246.
Colomer, Teresa. Introducción a la literatura infantil y juvenil. España. Síntesis Educación. 1999.
Goldin, Daniel. “Para celebrar la independencia. Una aproximación al campo de la LIJ en Iberoamérica al comenzar al siglo XXI”. Actas CILELIJ, Vol. 1, pp. 198--203. Recuperado en http://www.fundacionsm.com/ArchivosColegios/fundacionSM/Archivos/LIJ/132195_ACTAS_primera%20parte.pdf
Cabrera, Luis. “Panorama actual de la LIJ en Latinoamérica”. Actas CILELIJ, Vol. 2, pp.220--237.
Recuperado en http://www.fundacionsm.com/ArchivosColegios/fundacionSM/Archivos/LIJ/132195_ACTAS_primera%20parte.pdf
Hanán Díaz, Fanuel. ¿Cómo elegir un buen Libro para niños? Algunas recomendaciones


[1] http://www.imaginaria.com.ar/2009/12/%C2%BFpor-que-la-literatura-es-tambien-para-los-ninos/
[2] Zohar. Shavit, Zohar. Poetics of Children’s Literature. Athens & London, The University of Georgia Press, 1986; pág. 113.
[3][3] Testimonios disponibles en http://www.imaginaria.com.ar/04/8/prohibidos.htm

viernes, 9 de mayo de 2014

¿Qué es la literatura infantil?




  
 


 
 

 

Clasificar los géneros literarios o sus subgéneros ha sido una constante problemática de los estudiosos de la teoría literaria que difieren en criterios según la escuela que representen. En el ámbito de la literatura infantil la discusión se amplía no sólo al género sino también se discute su utilidad, mensaje, importancia y calidad. Inclusive llamándola de forma despectiva o indiferente “la otra literatura”. Gemma Lluch en una entrevista  expone lo siguiente: "... la literatura infantil  y juvenil existe, ya es una obviedad, no hace falta perder el tiempo sobre esta discusión, de hecho,  ahora las discusiones van sobre tipos de LIJ...".

 

El ilustrador, narrados e investigador literario cubano Joel Franz Rosell plantea lo siguiente

Toda obra maestra de literatura infantil es el resultado de un descubrimiento, de una invención, de una revelación, de un compromiso del espíritu del autor

-inevitablemente un adulto- con las esencias y posibilidades de lo humano que se revelan a través de los niños. La literatura infantil ha debido luchar a lo largo de su historia, de poco más de tres siglos, contra la instrumentalización, contra su utilización como medio de educación, de armonización social, de trasmisión de una concepción del mundo[1].

Es muy importante el papel de la familia en el hábito y fomento lector en la primera infancia hasta la adolescencia. También la elección de los textos es crucial porque a pesar del avance actual de la literatura infantil y juvenil aún se mantienen prácticas instrumentalizadoras y homogeneizadoras en la literatura para niños y niñas que desvalorizan la infancia, reprimen la fantasía y el pensamiento crítico, estigmatizando a la literatura infantil como un género menor cuyo único fin es pedagógico y moralizante.

 

Respecto a esto la licenciada en letras y escritora de LIJ Liliana Bodoc nos recuerda que la literatura infantil es un arte y que su condición de disciplina artística la exime de ciertas categorías, modalidades o propósitos como, por ejemplo, la admonición, la información, la autoayuda, la terapia, entre otras. Bodoc nos recuerda que

La literatura no puede sumarse, sin más, a las propuestas del mercado: rapidez, facilidad, se usa y se tira, no duele, no salpica, no pesa. Entonces la literatura perdería su finalidad.

Leer un texto literario no es leer cualquier otra cosa. Porque el arte no tiene ningún parentesco con la utilidad tal como en general la concebimos: un intercambio, una transacción, unos resultados mensurables. Porque el tiempo de la literatura no es el tiempo que, a diario, ganamos, perdemos, ahorramos, invertimos… El tiempo que, al fin, en justa venganza, nos pasa por encima.

Es en el arte y en el amor donde podemos percibir el tiempo como algo distinto del dinero.

Si leer dos páginas literarias lleva el mismo tiempo que leer dos libros sin valor estético alguno, me quedo con las dos páginas arduas pero decisivas de la literatura.

No hay en esta afirmación una descalificación de otras lecturas, que bien pueden servir como acceso; pero que jamás pueden sustituir la experiencia que genera el arte literario (Bodoc, 2010).

 

Parafraseando a la autora, el hecho estético a través del pensamiento poético es un modo de conocimiento tan serio y trascendente como el pensamiento racional. El conocimiento por medio de los sentidos es significativo y primordial desde la infancia ya que nos entrega las bases conscientes e inconscientes para la adultez.

La escritora en una entrevista[2] se refiere a esto

A veces uno le pide a la literatura que te muestre lo otro, que te muestre un lugar diferente, extraño, algo que a mí me gusta mucho como lectora y como escritora. Esto no invalida que esa literatura sirva para el propio conocimiento porque desde el otro se conoce. Y hay un pedido, aunque no sea explícito, de que la literatura genere ese extrañamiento. Eso es necesario y salva.

 

         A partir de la bibliografía aportada para este módulo mi noción de la literatura infantil ha sido resignificada, cobrando un nuevo valor y proyecciones con un sustento académico elaborado que me permitirá entregar conocimientos y miradas.

 

         La labor de los mediadores debería apuntar a:

•Conocer el panorama actual de la literatura infantil y juvenil: tendencias, géneros, editoriales, obras autores e ilustradores.
•Diseñar estrategias y actividades de fomento y animación lectora para distintos contextos socioculturales, edades y propósitos.
•Diseñar e implementar un plan de fomento lector susceptible de ser aplicado en contextos y/o instituciones específicas.


 

 

 

Bibliografía

 

Bodoc, Liliana. "La literatura como discurso artístico". Actas CILELIJ, Vol, 2 (págs. 244-246). Fundación SM. Santiago de Chile, febrero de 2010.

 

Bodoc, Liliana. Entrevista. Recuperado en: http://www.mdzol.com/entrevista/60356/

 

Lluch, Gemma. Entrevista presentada como material de estudio en la V versión del Diplomado en Fomento de la Lectura y Literatura Infantil y Juvenil, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Recuperado en: http://webcurso.uc.cl/portal/site/UCV-LIJ-05/page/8b79b014-5e63-4509-a9ea-98cbd57c8510

 

Rosell, Joel Franz. "¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego". Artículo entregado como material de estudio en la V versión del Diplomado en Fomento de la Lectura y Literatura Infantil y Juvenil, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, tomado de: Revista Cuatro Gatos http//:www.cuatrogatos.org/articuloqueeslaliteraturainfantil.html

        

        

 



[1] Articulo tomado de: Revista Cuatro Gatos http://www.cuatrogatos.org/articuloqueeslaliteraturainfantil.html. Visitado en 3-04-2014.
 
[2] Entrevista tomada en Revista Imaginaria http://www.mdzol.com/entrevista/60356/
Visitado en 3-04-2014.